Tanto Steve Jobs


Después de la muerte de Steve Jobs empezaron a llover guiones. Como no.

Existe también una TVmovie, pero se hizo antes de que muchas cosas interesantes pasaran en Apple, es de 1999. Y bueno, es… una TVmovie. Hace tres años Ashton Kutcher protagonizó otra, por cierto, bastante mediocre. Incluso ha habido espacio para la no ficción: el documental Steve Jobs: The man in the machine, de Alex Gibney, probablemente la única que se debió haber hecho.

aaron sorkin steve jobsFinalmente está la que el año pasado escribió el mismo Aaron Sorkin, uno de los mejores guionistas del momento. Aunque en este caso no se luce tanto como en La red social (Fincher, 2010) o Moneyball (Miller, 2011), sus dos anteriores trabajos para cine.

Quienes sí lo son, desde luego, son Michael Fassbender y Kate Winslet. Por primera vez alguien se toma en serio el personaje, e interpreta a Jobs sin prejuicios y sin aburrirnos. El trabajo de Fassbender goza de franqueza y de un toque delicioso de ironía. Recorre todos los registros emocionales con habilidad teatral y logra trasladarnos, con mucha convicción, a todas las épocas y situaciones en las que se desarrolla la historia. Además, está en escena casi todo el metraje. Él es la película. Lo mismo Winslet, solo que su personaje es más pequeño. La actriz se crece a momentos, trabaja con maestría la evolución del carácter y al igual que su compañero, imprime aires teatrales a la cinta. Ella puede.

michael fassbender steve jobs

Pero estos aires teatrales, si bien, tal y como yo lo veo, responsan sobre los hombros de ambos artistas, forman también parte de una puesta en escena, fríamente premeditada desde el guión. No solo la historia transcurre siempre en interiores, sino en los interiores de salas de conferencias y teatros. No es casualidad tampoco que Jobs esté constantemente a punto de presentar un nuevo producto. Porque él en sí mismo, también lo era. O lo es en la visión del filme.

Danny Boyle ha entendido muy bien, algunos experimentos estrenados recientemente, Birdman (G. Iñarritu, 2014) es el más notable. También debe prestársele especial atención a Anna Karenina (Wright, 2012) o a la mismísimaDogville (von Trier, 2003), sin temor a exagerar. Por cuanto existe una utilidad narrativa del espacio escénico cinematográfico, que es experimental y en algunos casos, innovador. Boyle, obsesionado con mantener la cámara dentro, hace de Steve Jobs, un filme-mapa, por el cual recorrer, no a Jobs el hombre de verdad, sino a Jobs el personaje. Porque no olvidemos aquello de que, cuando un grupo de hombres charlan en un bar, son personas y cuando lo hacen en un guión, son personajes. Todo ello bajo un realismo acusador. Aunque fuera lo único que tuviera para ofrecernos.

Tal vez este sea el gran problema de la película, que solo tiene eso, debajo no hay mucho más. Es un gran papel, unos hermosos planos secuencia que sugieren mucho trabajo, ensayo y planificación, y ya está, porque ni siquiera el guión sorprende. Hay que reconocer que la realización y la planificación son muy originales y han dado como resultado una puesta en escena maravillosa, también es cierto que todas las situaciones, siempre al límite, acaban pareciendo un poco forzadas. Esto resta verosimilitud y fuerza a la trama.

Tal vez no era una película necesaria, pero nos lo hace pasar de maravillas gracias a su ritmo, a sus movimientos de cámara, montaje y planificación. Es aséptica, es correcta, pero no sorprende.

@gvargaszapata
gvargaszapata@hotmail.com

GABRIEL VARGAS-ZAPATA para  EL UNIVERSAL

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